En recuerdo
Cecilia Sayeg Seade
De una inteligencia excepcional, Rafael supo contagiar a todos los que tuvimos la fortuna de conocerle su pasión por la vida, por la música —clásica por supuesto ¿qué hay otra? solía decir—, por el conocimiento. Se distinguió por ser amigo entrañable de muchos, por tener un gran sentido del humor, por ser el alma de cualquier lugar en donde se presentaba, por su espíritu crítico y apasionado. Su gusto amplio en temas tan diversos como la poesía, la música, la criminología, la psicología, los derechos humanos o la sexología hacían ricas, intensas y divertidas todas y cada una de las comidas y charlas que disfruté al lado de Luis de la Barreda y Rafael. Me considero muy privilegiada por ello. Para mí fue alguien parecido a un padre. Siempre tuvo el consejo en la boca, la palabra oportuna y el abrazo caluroso. Lo extraño desde hoy, lo extrañaré siempre.
--------------
Publicado en Artículos en memoria de RRH en el ICESI el lunes 18 de febrero de 2008.






