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Toluca y Juárez: los femicidios

Rafael Ruiz Harrell

El número de mujeres que murieron asesinadas en la ciudad de Toluca en los últimos cinco años, o sea de 2000 a 2004, supera en un tercio al de las que murieron de esa manera en Ciudad Juárez. La situación era peor antes: entre 1991 y 1999 se registraron 221 homicidios con víctimas femeninas en la ciudad chihuahuense. En la capital del Estado de México llegaron a 603, de tal manera que fueron 2.7 veces más.

Según las cifras del Consejo Nacional de Población, CONAPO, el municipio de Toluca tiene una población que sólo representa un poco más de la mitad de la que puebla Ciudad Juárez. En consecuencia, las tasas por cien mil habitantes de los homicidios con víctimas femeninas son todavía más elevadas en Toluca que en Juárez. En proporción al número de habitantes, la primera tuvo 3.2 veces más homicidios de mujeres que la segunda de 1991 a 2004. A lo largo de ese período, se registraron 7.9 homicidios con víctimas femeninas por cada cien mil habitantes en Toluca. En Ciudad Juárez la tasa fue de 2.4. En la República llegó a 1.5.

No hay duda que la capital mexiquense es la capital de los asesinatos de mujeres en la República. Si se considera el total de la zona urbana de Toluca -que comprende doce municipios-, y se calcula la tasa media de 1998 a 2002 no hay ninguna otra ciudad en la República que se le aproxime. Los datos de la zona metropolitana toluquense revelan que en ese lapso se asesinaron a 4.4 mujeres por cada cien mil personas. La ciudad más cercana es Tecate, Baja California, con 3.0, seguida por Acapulco con 2.6. En este trágico conteo Ciudad Juárez ocupa el cuarto lugar. En el DF la tasa llega a 1.4, menos de la tercera parte de Toluca. Guadalajara y Monterrey, ambas con 1.0, no llegan ni siquiera a la cuarta parte.

Dudas

La diferencia es tan abrumadora por donde se la mire y señala tan claramente a la capital mexiquense -mil 153 mujeres asesinadas en la zona urbana de Toluca de 1990 a 2004, frente a 373 que corrieron igual suerte en Juárez-, que resulta inevitable preguntarse por qué en el panorama de las inquietudes nacionales, la ciudad chihuahuense figura de manera tan prominente y de Toluca no se dice una palabra.

La diferencia no está en las víctimas. Hasta donde es posible discernirlo, son muy semejantes en edades, en estado civil y en número de años de instrucción formal. Así, por ejemplo, las mujeres muertas en Chihuahua entre los 15 y los 29 años de edad representan el 35.8 por ciento del total. En la metrópoli mexiquense son el 32.7. En ésta última la proporción de las niñas asesinadas cuando contaban entre 0 y 14 años de edad fue de 14.3, que es superior al porcentaje registrado en la ciudad fronteriza de Chihuahua: 12.4. También es más alto en Toluca, 14.8 frente a 12.6, el porcentaje de las mujeres con 60 años o más que murieron de manera violenta, mas las diferencias no son significativas.

En principio podría suponerse que la distinción se encuentra en la manera en que fueron victimizadas. Una porción importante de las mujeres asesinadas en Juárez, 84 de 373, el 22.5 por ciento, sufrieron muertes crueles, humillantes y dolorosas. Todavía está vivo el recuerdo de que sus cuerpos, o algunos restos de sus cuerpos, fueron descubiertos en el desierto comidos por animales, algunos de ellos mostrando señales de tortura. Aunque la frase es muy ambigua, tal vez podría decirse que eran "más" víctimas que las mujeres muertas en Toluca, al menos en el sentido de que estaban más indefensas y, sobre todo, se las mató sin más motivo aparente que privarlas de la vida por el hecho de ser mujeres.

Aunque se ignore qué proporción de las víctimas fueron torturadas o vejadas antes o después de la muerte, los asesinatos de género no pueden estar ausentes de los homicidios toluquenses. Basta saber que de los mil 153 casos registrados se ignora casi todo de 332, y que de aquellos en los que se cuenta con datos detallados, el 42.5 por ciento fueron atribuidos a la acción de una persona que la víctima desconocía cuando la proporción en la República es de 13.7 por ciento, para suponer que en esos 681 homicidios debe encontrarse también un número importante de casos en los que las mujeres fueron asesinadas sólo por ser mujeres.

Otra explicación

Una probable explicación surge de la corriente sociológica constructivista. Según esta escuela, los problemas sociales no están dados por las condiciones sociales, sino que se los construye. El punto de partida de la construcción de un problema es, invariablemente, un movimiento social que exige respuesta ante circunstancias que estima intolerables o injustas. Parte fundamental del proceso es atribuirle a algunas personas el status de víctima a la vez que se lo niega a otras.

La noción de que alguien es una víctima, no es un simple reflejo de las condiciones sociales. Es también una proyección de convicciones y sentimientos compartidos por la comunidad. Al ponerle a alguien la etiqueta de víctima, se destaca que es una persona que ha sido dañada por fuerzas que están más allá de su control y, de esa manera, subrayar que es esencialmente inocente y en consecuencia merece la ayuda y la asistencia de los demás.

Al ver así el dilema, resulta que la sociedad toluquense no ha llegado a definir propiamente como víctimas a sus mujeres asesinadas mientras que la juarense tiene tiempo de haberlo logrado. Se deba esto a que en Toluca la vida social está más fragmentada, el control gubernamental es más rígido, o ha logrado silenciarse a los medios para evitar que difundan detalles de la tragedia, el hecho es que falta el movimiento social de protesta que construya como problema los asesinatos de mujeres en la capital del Estado.

La marcha de ayer revela que AMLO ya consiguió posicionarse como víctima en el imaginario colectivo y hay un serio movimiento dispuesto a defenderlo. Desde mi punto de mira esa energía estaría mucho mejor empleada si se la destinara a evitar que en México se siga matando a mujeres por el hecho de ser mujeres.

 

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