Encuestando sensibles violaciones a los derechos
Rosa María Rubalcava
- 1. Introducción
Dada la inadecuada información oficial en México sobre sensibles violaciones a los derechos humanos, no hay ninguna otra opción que sustituya el uso de encuestas en este sentido. Sin embargo, la naturaleza delicada de esta información requiere encuestas que sean sensibles a ello. El objetivo de esta presentación es establecer consideraciones metodológicas y estadísticas, y hacer propuestas basadas en experiencias recientes con encuestas a víctimas del crimen.
- 2. Dificultades de confiar en los datos oficiales para información sensible.
2.1. El sector informal, la justicia, y la acción policial.
Dado que en México casi la mitad de la población económicamente activa se encuentra ocupada en el sector informal, se puede esperar que la acción gubernamental y el sistema de justicia sean afectados por esta circunstancia. Los criminales pueden tomar ventaja de la falta de control en cada aspecto de la vida cotidiana; y las victimas a menudo son doblemente victimadas: primero por los criminales y segundo por la policía y otros agentes de un aparato de justicia que es ineficiente y corrupto en niveles considerables.
Por ejemplo, menos de veinte por ciento de los policías y otro personal relacionado con la seguridad pública está registrado en los archivos computarizados del Sistema Nacional de Información sobre Seguridad Pública. En otras palabras, alrededor de 300 mil de ellos no cuentan con algún registro en absoluto, en relación con sus datos generales como dirección personal, miembros de la familia directa, y sanciones aplicadas o reconocimientos recibidos. Tampoco está en estos archivos la información sobre el tipo de arma u otro armamento bajo el control de este personal.
El papel de las comunidades en la vigilancia de la criminalidad tiene una contraparte irónica en México, en las comunidades subyugadas por el crimen organizado que somete a los vecinos y los obliga a servir como refugio para todas sus actividades criminales. Uno puede imaginarse que tan difícil es para personal de campo entrar en estos “ghettos” para completar cuestionarios.
2.2 Reportando ofensas en el sistema oficial: territorio y demografía.
En México es necesario denunciar formalmente un crimen para que se inicie una investigación policial, esperando que quizá los criminales sean eventualmente sentenciados y puestos en prisión. Los únicos lugares para reportar válidamente un delito son las agencias del Ministerio Público, las cuales son parte del gobierno a nivel federal y estatal, pero no del sistema de justicia criminal. Estas agencias son solo tres mil en número. Esto implica una gran inconveniencia para los cuatro millones de víctimas estimadas al año, y en un país con doscientas mil comunidades. Un tercio de estas comunidades tienen menos de quinientos habitantes, la mayoría de ellas están en áreas remotas y aisladas (localizadas a más de dos millas en camino de terracería y fuera del área de influencia de grandes centros urbanos). Lo inadecuado e inequitativo del acceso es evidente.
2.3 Información oficial sobre violaciones a los derechos humanos y criminalidad.
En México hay una Comisión Nacional de Derechos Humanos y otras treinta y dos correspondientes a cada estado. Estas comisiones reciben “quejas” sobre violaciones a derechos humanos inflingidas por instituciones oficiales o funcionarios de gobierno en servicio, y como respuesta, si la queja es reconocida como violación, ellos envían una “recomendación” a las instituciones involucradas.
En términos sociales México es una democracia débil. Personas indígenas, que en numero son casi diez millones, y los pobres, quienes son 54 millones a nivel nacional (casi el 70% de la población rural y 44% de la población urbana (SEDESOL, 2002)) no tienen conocimiento de sus derechos humanos básicos, o no tienen los recursos para demandar el respeto de sus derechos a las autoridades. Por lo tanto, ellos expresan que no produce los efectos deseados. Ejemplos para ilustrar este punto son las recientes masacres de personas indígenas en las comunidades de Acteal (Diciembre 1997) y Aguas Blancas (Junio 1995); y las continuas violaciones, tortura, y asesinatos de cientos de mujeres en Ciudad Juárez.
No hay aun un verdadero derecho a la información, incluyendo el acceso y la transparencia de esta información. El material cartográfico necesario para diseñar muestras es muy caro y difícil de obtener de las oficinas de estadística. Concerniente a las Comisiones de Derechos Humanos, no es posible tener acceso a sus archivos, aun con una carta de una institución académica certificando la naturaleza de la investigación para la cual será utilizada la información. Los datos disponibles en CD-ROM o sitios de internet están agregados. Las estadísticas judiciales presentan los mismos obstáculos.
- 3. Algunos retos claves al encuestar información sensible.
Antes de adentrarse a dos temas estadísticos sustanciales, uno necesita algunas clarificaciones metodológicas concernientes a los términos “derecho” y “sensible” en el titulo de esta presentación, en relación con la recolección de “información” a través de encuestas.
Hay varios significados obvios sobre el concepto “información” que son del todo relevantes para nuestros intereses. En informática, la información es un producto, el resultado del procesamiento de datos de entrada. Por el contrario, en las ciencias sociales la información puede ser considerada no un producto, sino la base para producir datos significativos. Y desde el punto de vista político, usando la bien conocida frase, la información es poder. Todo esto tiene que ser considerado al planear una encuesta para recolectar información sensible sobre violaciones a los derechos humanos y después analizarla estadísticamente, ya que nuestra posición es que la gran mayoría de los mexicanos no tienen idea de sus derechos humanos en términos concretos y específicos. O para ponerlo en otras palabras, el concepto de “derechos” es una construcción social, y en los preparativos para recolectar la información necesitamos reconocer que muchos encuestados no tienen el nivel de conocimiento necesario para reconocer la aplicabilidad de sus “derechos” en su vida cotidiana.
El uso del término “sensitivo” es una característica importante que complica aun más las cosas. El encuestado requiere primero, estar conceptualmente conciente e informado sobres sus derechos; segundo, ser capaz de reflexionar sobre sus violaciones; y tercero, definir cuales de estas son sensibles. Las percepciones, entendidas como actos cognitivos, operan como filtros en un contexto social previamente formado. Las percepciones implican pensamientos, experiencias empíricas, y una interpretación de situaciones objetivas (Rubalcava y Salles, 2001). Uno de los problemas mas extendidos inherentes a las encuestas de victimización se refiere a la cuestión de cómo los informantes se perciben a sí mismos como victimas y como puede ser que algunas victimas no se reconocen a sí mismas como tales.” (Zedner, 1998).
Desde que se encuesta sobre derechos humanos estamos particularmente interesados en las victimas, algunas dificultades que hemos encontrado en una encuesta nacional de victimización (ICESI, 2002) nos alertan de lo que puede pasar cuando se investigan sensibles violaciones a los derechos humanos. Le preguntamos a victimas si hubo violencia durante el delito. En el caso de mujeres que habían sido victimas de abuso sexual, un tercio respondió la pregunta diciendo “no hubo violencia”. En un país donde más de trescientas mujeres han sido violadas, torturadas o asesinadas en Ciudad Juárez durante los últimos diez años, y otras ciento cincuenta han desaparecido, sin un solo criminal capturado, uno puede entender como una mujer que es asaltada esta esperando lo peor. Si ella no fue violada y seriamente lastimada se considera muy afortunada. Es claro que para las mujeres su propio cuerpo se vuelve un área de inseguridad por el juicio prevaleciente socialmente construido que las considera débiles y tolerantes ante la agresión.
Pasando ahora a algunas consideraciones estadísticas importantes, las mismas encuestas de victimización muestran que las muestras necesitan ser muy grandes en México para producir estimaciones útiles a nivel de cada uno de los treinta y dos estados de la Republica, para las zonas rurales y urbanas. Uno desearía poder desagregar los índices de victimización nacionales para comparar la situación en los diferentes estados y promover mejoras en el desempeño gubernamental. Al estimar el tamaño de la muestra requerida, uno puede guiarse por algunos resultados centrales por la muestra de 35,000 hogares: 14% de los hogares tienen al menos una victima de la delincuencia, y dentro de ellos aproximadamente uno de cada cinco tiene más de una victima y 87% de los crímenes estuvieron relacionados con el robo.
Más problemático para diseñar son aquellos crímenes estadísticamente infrecuentes como el secuestro, violación, y homicidio, cada uno con una ocurrencia de menos del 1%. Como podemos esperar que este sea el caso de sensibles violaciones a los derechos, es necesario hacer un diseño de muestra mas sofisticado para evitar costos excesivos asociados con muestras muy grandes, y que al mismo tiempo permita resultados teóricamente y estadísticamente significativos.
Varios intentos infructuosos han sido llevados a cabo en años recientes para capturar información sobre violencia familiar a través de encuestas a hogares. El más reciente consenso es limitar esas encuestas a violencia contra las mujeres por parte de la pareja sexual de la victima. La necesidad urgente de información sobre abuso y violencia a niños ha estimulado programas de colaboración con la Secretaria de Educación, para recibir autorización para conducir encuestas en las escuelas. Aquí ha habido tres principales obstáculos: la dificultad de tener entrevistas privadas; la falta de información completa a nivel familiar, sobre todo en el caso de los estudiantes mas jóvenes, y por supuesto, el hecho de que excluye niños que no van a la escuela. Consideraciones similares son relevantes cuando las victimas son nuestro principal interés.
- 4. Información sensible sobre violaciones a los derechos humanos: propuestas para
encuestas en México.
Tomando en consideración tales experiencias en México, los siguientes parecen ser algunos de los principales aspectos a ser considerados:
- Dado el bajo nivel de entendimiento conceptual y de conocimiento fáctico sobre los derechos humanos en general entre la mayor parte de la población, sería metodológicamente más razonable llevar a cabo encuestas con población específica sobre mal trato, enfocándose en casos extremos de tortura, desapariciones involuntarias y detenciones ilegales.
- La encuesta no debe ser llevada a cabo por una entidad oficial por la falta de confianza, especialmente entre las victimas, de las agencias gubernamentales relevantes—en particular aquellas encargadas del sistema de justicia—que pueden afectar las respuestas o hacer que las victimas se nieguen a ser entrevistadas.
- Es recomendable poder hacer estimaciones a nivel estatal, para servir como instrumento de medición del desempeño de los gobiernos locales con relación a los derechos humanos, y los resultados darán incentivos para mejorar. Si este ideal no es accesible por los costos o por la falta de información para un buen diseño muestral, una alternativa podría ser algún estudio piloto a nivel estatal o metropolitano, con las áreas seleccionadas con base en índices de victimización disponible, y usando uno de los diseños clásicos en la investigación social comparada: “los sistemas más diferentes” (en donde se considera que los factores sistémicos no juegan ningún rol para explicar el fenómeno observado y por lo tanto el análisis queda al nivel intra-sistémico) o “los sistemas más similares” (en donde el sistema constituye el nivel original de análisis y las variaciones dentro del sistema son explicadas en términos de factores sistémicos) (Przeworsky y Tuene, 1982:32-39).
- Evidencia proveniente de movimientos de derechos humanos de base puede proporcionar información cualitativa importante sobre los sistemas a comparar (por ejemplo al considerar “interferencias sistémicas”, en donde los indicadores validos de un concepto pueden variar entre los sistemas estudiados) (Przeworsky y Tuene, 1982: 104-105).
- Idealmente, los datos deben ser recolectados de manera tal que permitan un análisis estadístico en múltiples niveles: contexto rural y urbano, comunidad, vecindario, familiar e individual. La muestra deberá ser recolectada en varias etapas: por áreas geográficas; por familia (descrito por un informante adulto); y finalmente una muestra al azar de individuos adultos que capture información directa de las victimas sobre violaciones de derechos humanos de interés. La información tendrá una estructura jerárquica e integrada (Raudenbush y Bryk, 2002).
- Puede ser útil para el análisis de datos en este tipo de investigación, buscar identificar propensiones que permitan identificar situaciones que generan distintos niveles o tendencias en la ocurrencia de ciertos eventos (Popper, 1996). Los datos recolectados pueden ser utilizados para simular, en experimentos virtuales, situaciones que generen propensiones de ciertas personas de ser victimas de sensible violaciones a los derechos.
- Entrevistas de profundidad, conocidas por su uso en otras áreas de estudio, proveen reflexiones cualitativas complementarias para las áreas de mayor interés registradas por las encuestas (Cortes y Rubalcava, 1993).
- El estudio debe hacer que el conjunto de datos resultante se encuentre disponible sin costo en un sitio de internet y en disco compacto (CD), con la respectiva confidencialidad de los informantes.
- 5. La importancia de la difusión.
Un objetivo principal de recolectar información de este estilo sobre sensible violaciones a derechos en México, debe ser el difundir las percepciones, las propensiones, y las experiencias reales de la población sobre las violaciones particulares estudiadas, por medio de los medios de comunicación, y enfatizar las diferencias contextuales en los diferentes niveles que son útiles para una toma de decisiones satisfactoria y eficiente. Esto, por supuesto, debe ser considerado el primer paso a una observación continua, para seguir la pista a patrones y tendencias. Finalmente, esta campaña en sí misma mejoraría el entendimiento conceptual y el conocimiento fáctico sobre los derechos humanos, especialmente entre la población indígena y pobre mencionada anteriormente, primero para su propio beneficio, pero con la consecuencia secundaria de que estos estudios mejoran drásticamente en validez.
Resumen
Después de indicar las dificultades de confiar en datos administrativos oficiales sobre violaciones sensitivas a los derechos humanos en México, este trabajo recomienda encuestas a gran escala como medio preferente para identificar y analizar estas violaciones. Se basa en sucesos recientes para identificar consideraciones metodológicas y estadísticas claves para llevar a cabo dichas encuestas, proponiendo varias mejorías claves, y señala la importancia del proceso de difusión.
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Referencias
Cortés Fernando y Rosa María Rubalcava, 1993, "Desocupados precoces: ¿otra cara de la maquila?", en Estudios Sociológicos de El Colegio de México, México, pp. 695-723.
ICESI, 2002, www.icesi.org.mx (encuestas-segundo levantamiento).
Popper Karl, 1996, Hacia un mundo de propensiones, Tecnos, Madrid.
Przeworsky Adam y Henry Teune, 1982, The Logic of Comparative Social Inquiry, Krieger Publishing Company, Florida, USA, pp. 31-46, 91-112.
Raudenbush W. Stephen and Anthony S. Bryk, 2002, Hierarchical Linear Models, Segunda Edición, Serie Advanced Quantitative Techniques in the Social Sciences, Sage Publications Inc., California, USA.
Rubalcava Rosa María y Vania Salles, 2001, "Hogares pobres con mujeres trabajadoras y percepciones femeninas", en A. Ziccardi (comp.) Pobreza, desigualdad social y ciudadanía, CLACSO, Buenos Aires, Argentina.
SEDESOL, 2002, Evolución y características de la pobreza en México en la última década del siglo XX, Comité Técnico para la Medición de la Pobreza, serie: documentos de investigación No. 2, México, cap. 2.
Zedner L., 1998, "Victims" in The Oxford Handbook of Criminology, Segunda edición, Clarendon Press, Oxford, pp. 577-612.






