Causalidad en la percepción sobre la inseguridad
Colaboradores[i][1]:
Aarón Víctor Reyes Rodríguez
Alicia Ordóñez Vázquez
Lucia Mirell Moreno Alva
Miriam Arroyo Belmonte
Mariana Becerra Sánchez
En México se han dado importantes cambios sociales, económicos, políticos y demográficos a lo largo del siglo XX, debido a las rápidas transformaciones en los ámbitos familiar, laboral y de la salud, etc. Dichas transformaciones han originado que, al igual que la ciudad de México, ciudades como Guadalajara, Monterrey y Puebla, alcancen una alta industrialización al grado de transformarse en grandes urbes, convirtiéndose en centros de inmigración. Entre los problemas atribuibles al acelerado crecimiento urbano se encuentra la inseguridad pública, que se ha vuelto uno de los problemas que más preocupa a los mexicanos, sobre todo en las grandes ciudades, en donde las concentraciones humanas han llevado a la coexistencia social a límites realmente peligrosos. Las razones por las que las ciudades generan violencia y crimen han tratado de abordarse de diversas formas pero se ha encontrado que fundamentalmente tres aspectos podrían explicar este fenómeno: la alta densidad poblacional, la migración de zonas rurales a urbanas y la estructura etárea joven de las ciudades. El problema consiste pues, en la falta de capacidad para responder con rapidez a ritmos de crecimiento poblacional de las metrópolis.
La Ciudad de México, al ser el principal centro industrial, comercial, de comunicaciones y transportes, demográfico y cultural de nuestro país, se ha convertido en la entidad donde el aumento en frecuencia y gravedad de los actos delictivos han llegado a ser por demás alarmantes. La delincuencia, a diferencia de lo que suele creerse tiene patrones bien definidos y uno de ellos es que invariablemente en los centros históricos, mercantiles y culturales de las ciudades es donde actúa mayormente y a partir de ahí se va diluyendo conforme va avanzando a la periferia. Hay que considerar que en estos centros se desarrollan la mayor parte de las actividades económicas, comerciales y culturales; muchos oficinistas y empleados de los grandes centros comerciales trabajan en estas zonas, este es el tipo de gente que atrae a los delincuentes.
De esta manera la situación que enfrenta actualmente nuestra ciudad puede servir de modelo predictivo de lo que podría suceder con las urbes más destacadas del país. Es por ello que en el presente trabajo se analiza y compara la situación actual de la Ciudad de México con el resto del país en materia de seguridad y delincuencia.
La delincuencia y criminalidad, al ser manifestaciones de la violencia social, han adquirido relevancia particular por afectar a amplios sectores de la población mexicana, convirtiéndose así en una de las principales preocupaciones de la sociedad.
Es en este contexto y como un esfuerzo por explicar las causas que dan origen a la ocurrencia de la violencia social en nuestro país y dado que las autoridades no están a la altura de la gravedad que alcanza hoy en día y nadie por muy capaz que sea, puede aisladamente atacar un problema estructural que interrelaciona a toda la sociedad, surge la Unidad de Análisis Sobre Violencia Social del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la cual participó en las reuniones preparatorias y de trabajo que dieron como resultado la creación del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad (ICESI A.C.), convirtiéndose en un Instituto generador de estudios e información a profundidad sobre la Victimización y Percepción de la Seguridad Pública de este país.
De esta manera se realizó la Primera Encuesta Nacional Sobre Inseguridad Pública (ENSI-1) a fin de hacer un diagnóstico sobre la inseguridad, conocer el comportamiento y la tendencia de la delincuencia, así como la percepción respecto a ella, generando así información en materia de seguridad y victimización en nuestro país.
La Criminalidad capitalina esta creciendo, esta tendencia a la alza está firmemente establecida. Por si no bastara, hay datos complementarios que ensombrecen todavía más el panorama y revelan, por una parte, que el problema es mayor de lo que se supone, y por la otra que están dadas las condiciones para que la delincuencia registre un crecimiento. Para darnos cuenta de la situación, de acuerdo con la ENSI-1, durante el 2001 en el 14% de los hogares del país al menos una persona fue víctima de la delincuencia, es decir que de cada 87 hogares 10 tuvieron alguna víctima. De esta manera a lo largo del 2001, el número de delitos por cada cien mil habitantes fue de 4,412. La situación en el D.F. se vuelve más crítica: de cada 25 hogares, 10 tuvieron alguna víctima del delito, cometiéndose 17,718 delitos por cada cien mil habitantes. Esto significa que un habitante de la ciudad de México tiene 3.5 veces más riesgo de ser victimizado en comparación con una persona en el resto del país (promedio nacional).
Actualmente el aumento de la delincuencia no se ha logrado reducir, el robo a personas en la vía pública, el robo al transporte de mercancías y en los medios de transporte público, así como los secuestros y el robo de vehículos, son algunos delitos que se deben combatir urgentemente. Acorde con la ENSI-1, el tipo de delito más común a nivel nacional y en el DF es el robo o asalto, seguido en importancia en el DF. Por el abuso de autoridad, mientras que en el caso del resto del país, el segundo delito en importancia son las lesiones. Cabe resaltar que la mayoría de las personas que fueron víctimas de la delincuencia en la Ciudad de México, sufrieron algún tipo de agresión o amenaza (un 56.4%), mientras que a nivel nacional la cifra se reduce a un 39% de personas agredidas, así los capitalinos vivimos con un 46% de posibilidad de ser lesionados o agredidos en el momento de ser blanco de un delito, esto con respecto a la media nacional.
El aumento de la delincuencia contribuye para que se incremente la percepción de la inseguridad en los ciudadanos, pues muchos factores contribuyen a fomentar esa sensación de inseguridad que abarca amplios sectores de la sociedad mexicana. Si bien las condiciones de inseguridad por la proliferación de la delincuencia y los niveles de impunidad son circunstancias innegables que afectan a muchas personas en distintas partes del país, hay que tomar en cuenta que para muchos la sensación de inseguridad está relacionada con percepciones derivadas de un clima de opinión. Conforme a los datos obtenidos en la ENSI-1, en la ciudad de México hay más gente que se siente insegura, (llegando a ser casi el 80% de sus habitantes), en comparación con el resto del país (47%). De esta forma en el DF. existe poco menos del doble de personas que se siente insegura en comparación con las personas del resto del país; en los ámbitos del trabajo y la escuela, la proporción de la gente que se siente insegura es 3 veces mayor, y en la calle llega a ser 4 veces más.
En todo caso, y por más que exista una brecha entre la realidad y la percepción pública de inseguridad frente a la delincuencia, es evidente que los ciudadanos no se sienten adecuadamente resguardados por las instituciones públicas en su seguridad física y patrimonial; muchos tienen la sensación de que la criminalidad ha rebasado a las instituciones y de que la delincuencia se encuentra prácticamente fuera de control. Esta falta de confianza que alimenta la sensación de inseguridad se convierte en un círculo vicioso en la medida en que el ciudadano no recurre como debiera a las autoridades para denunciar los delitos o para aportar elementos que ayuden a esclarecerlos. Gran parte de los habitantes de la ciudad de México no denunciamos los crímenes que sufrimos porque sabemos que es una pérdida de tiempo. No sirve de nada – y a veces es peligroso –, pararse cinco o seis horas a la espera de que un agente del Ministerio Público escriba en un acta lo que quiere. Nunca tantos ciudadanos habían declarado tan abierto rechazo hacia la inutilidad de los servicios de la Procuraduría, así, la ENSI-1 demostró que la gran mayoría de la población que sufre algún delito no denuncia el hecho ante las autoridades. Encontramos que durante el 2001 en el DF. un 76% de las víctimas NO denunciaron el delito, mientras que un 66% tampoco lo hicieron a nivel nacional. El motivo principal de la no denuncia fue la perdida de tiempo y/o la realización de trámites largos y difíciles, seguida por la desconfianza en la autoridad. A esto hay que agregar que de las personas que Sí denunciaron el hecho, la gran mayoría no obtuvieron resultado alguno de su demanda, de esta manera encontramos que el 53% de los denunciantes no consiguieron nada al reportar el delito en el DF, y un 47% de ellos a nivel nacional tuvieron el mismo resultado. Por ejemplo, únicamente el 45% de las personas que sufrieron el delito de asalto a nivel nacional lo denunciaron, y de esos casos sólo 15% de los delincuentes fueron consignados.
Al no existir esta confianza aumenta la cifra negra, es decir, todos aquellos delitos que se cometen y que las autoridades no contabilizan, ya sea porque no son denunciados o porque el Ministerio Público no los tomó en cuenta al considerar que se derivaron de otro ilícito.
Otros delitos que alimentan la cifra negra, son aquellos en donde aún siendo denunciados no son contabilizados por el Ministerio, por ejemplo, cuando ocurre un asalto a un microbús en donde los delincuentes se suben y despojan de sus pertenencias a los usuarios, pero el Ministerio Público; en lugar de contabilizar el robo que sufrió cada víctima, toma a todos como uno solo.
Es por ello que la única forma de tener acceso a la cifra negra, es a través de la realización de encuestas victimológicas, en las que se le pregunta a la gente si ha o no sufrido algún delito.
Las encuestas victimológicas, además de permitir calcular la totalidad de los delitos que ocurren, son útiles porque ofrecen información acerca de las víctimas, lo que permite diseñar estrategias de combate al delito. (Ruiz, H. citado en Herrera, 2002).
Los altos índices delictivos colaboran para que la percepción ciudadana de la corrupción y la impunidad sean factores determinantes que anulan el combate a delincuencia. Para cualquier estrategia de seguridad pública es indispensable la creación de mecanismos de confianza entre las autoridades y los ciudadanos. Las circunstancias son graves, es necesario cuanto antes tomar medidas para prevenir al menos los daños mayores. La peor actitud es negar la existencia del problema o pretender ocultarlo hay que ver de frente a la realidad y reconocer lo que esta pasando.
Hasta el momento se ha hablado de la situación actual que vive México en cuanto al alarmante aumento de la delincuencia, y con ello la inseguridad que experimentan en cada momento al vivir en esta gran ciudad, pero es fundamental remitirnos a los factores y consecuencias que experimentan los ciudadanos en su cotidianidad como producto del Crimen y la Delincuencia al habitar en las grandes ciudades.
Dentro de las posibles reacciones que sufren las personas ante el fenómeno de la criminalidad y la violencia, destacan la inseguridad y los cambios en las formas de vida. Estos aspectos están íntimamente relacionados con lo que implica vivir en una gran ciudad, donde en general existen ambientes físicos amenazantes que generan problemas en la forma de ser de sus habitantes.
Los habitantes de las grandes ciudades en donde la delincuencia ha aumentado, experimentan lo que se ha llamado miedo al crimen y percepción de la inseguridad, dos conceptos que se manejan como semejantes, pero que sin embargo no lo son.
Se ha definido el miedo al crimen como: el sentimiento de inseguridad, preocupación por ser víctima de un crimen en particular, reacciones al crimen, etc. (Saldívar, 1990). Yin (1980) define al miedo al crimen como la ansiedad que siente la persona por la amenaza de ser victimizado. Por otro lado, Riger (1981) y Pain (1991) definen a la inseguridad como la pérdida del sentimiento de seguridad ocasionado por ciertos factores como el deterioro físico del medio ambiente y la oscuridad. (op cit).
Por lo tanto la seguridad percibida en general se define como la percepción de vulnerabilidad que tiene una persona de ser un posible blanco de agresión en diferentes espacios familiares y desconocidos con características físicas específicas (oscuridad, estrechez, etc).
La vulnerabilidad se ha definido como “percepción del riesgo” y “susceptibilidad” (Perloff, 1983, en Saldívar, 1990) y también incluye un nivel objetivo y otro subjetivo.
En cuanto al nivel objetivo, Skogan y Maxfield (1981) identificaron dos tipos de vulnerabilidad: la física y la social. La física se refiere a la posibilidad de ser atacado por poseer características físicas de debilidad, incapacidad de responder a una agresión y el riesgo de desarrollar consecuencias físicas severas si se es atacado. La vulnerabilidad social se refiere a una posición que ocupa el individuo en la sociedad, que le expone a la amenaza de victimización y a sufrir consecuencias por ésta. (Lee, 1982 en Ramos, 1990).
Además se han sugerido como indicadores importantes de este tipo de vulnerabilidad los bajos ingresos y el pertenecer a una minoría étnica, ya que la gente que vive en zonas marginadas tiene mayor contacto con un medio ambiente violento. En México los grupos más vulnerables en este sentido son las personas que migran de zonas rurales a las grandes ciudades como el D.F, Guadalajara, Monterrey y Puebla.
A nivel subjetivo, la vulnerabilidad puede considerarse como un proceso cognitivo afectivo. El componente cognitivo se observa en las creencias que pueden tener los individuos de que son susceptibles de sufrir eventos negativos y de que están poco protegidos contra el daño o infortunio. Acompañando esta cognición, esta el componente afectivo como los sentimientos de ansiedad, miedo y aprehensión. (Perloff, 1983, en Saldívar).
La ENSI-1 mostró que el sector de la población que se siente más seguro, es el de los adultos mayores de 65 años, mientras que los adultos de entre 46 y 55 años, a nivel nacional, y los de 56 a 65 años en el D.F., son los que se sienten más vulnerables a la delincuencia, aunque, en el caso de la ciudad de México en todas las edades el sentimiento de inseguridad predomina.
Las personas que no han sido víctimas de algún suceso negativo, tienden a subestimar su posibilidad de ocurrencia. Esta percepción de inviolabilidad también puede reflejar una necesidad de control personal o una exagerada sensación de poseer habilidades para controlar los resultados. En la encuesta se encontró que la mayoría de las personas entrevistadas que fueron víctimas del delito o tuvieron a una víctima dentro de su hogar, perciben su lugar de residencia como inseguro, mientras que las personas que no fueron victimizadas consideran por lo menos algo seguro, es decir que el haber sido víctimas de un delito cambia su percepción de seguridad.
Dentro de los factores medio ambientales se puede mencionar que los ambientes conocidos generan en los sujetos sentimientos de seguridad y aquellos totalmente desconocidos provocan miedo e inseguridad. Así, la ENSI-1 mostró que el lugar donde los mexicanos se sienten más seguros es el hogar, seguido por el trabajo o la escuela, mientras que el sitio donde se sienten más vulnerables a la delincuencia es en el transporte público y en la calle en segundo lugar. Son variadas las causas por las que los sujetos pueden experimentar miedo en lugares nuevos, una es la exposición a señales desorganizadas que se interpreta como peligrosas por no estar familiarizado con ellas.
Uno de los factores ambientales que causan más inseguridad en los sujetos es el deterioro físico del medio. Liska (1990, citado en Saldivar), menciona que el miedo al crimen en las personas esta muy relacionado con la ansiedad, que se caracteriza por preocupación, nerviosismo e intranquilidad urbana derivado de la desorganización física y social del entorno que les rodea. Los símbolos asociados con desorden como adolescentes merodeando en las calles, incrementan la intranquilidad urbana y con ésta, el miedo al crimen y la inseguridad.
También uno de los factores que se asocia al miedo en el ambiente es la oscuridad, la asociación frecuente de la oscuridad o la noche con el peligro es sorprendente y existe una clara evidencia de que muchos sujetos evitan dejar la casa después de que anochece por miedo a ser victimizados. (Warr, 1990, citado en Saldivar, 1993).
Además la presencia de gente extraña puede generar miedo siempre y cuando el sujeto se encuentre a solas con esa persona y considere que lo pueden atacar. Warr (1990, op. cit), menciona que para que los sujetos tengan miedo hacia personas extrañas tienen que poseer ciertas características diferentes a su grupo, (por ejemplo la apariencia desaliñada, o el estar drogado, puede verse como una amenaza para algunos individuos, mientras que para otros estas características no conllevan ningún peligro.
Entre las características del medio ambiente que se asocian con el miedo al crimen, existen factores sociales que parecen influir en el incremento del miedo y la inseguridad. Entre estos factores se encuentran los medios de comunicación.
Los medios de comunicación ejercen una gran influencia sobre las representaciones que el público se hace de la criminalidad y del delincuente, al transmitir de ellos imágenes estereotipadas y casi siempre incorrectas.
Entre los medios de información, la televisión es la que ha cobrado mayor importancia. Tienen una gran trascendencia, ya que llega a un público mucho más amplio que el que consulta la prensa escrita, sobre todo a aquellas personas que, son más sensibles al miedo al crimen.
Así los medios de comunicación elaboran las noticias de una manera tan cuidadosa que llegan a generar en ciertos receptores una percepción de vulnerabilidad y miedo ante la posibilidad de ser victimizado, lo que origina que empiecen a tomar precauciones en su estilo de vida (Gordon, 1989, citado en Saldivar, 1993).
El miedo al crimen depende del grado de exposición de los ciudadanos a la información que la prensa transmite sobre la criminalidad. Sin embargo diversos estudios (Rico, 1988) han probado la ausencia de una correlación positiva entre la inseguridad ciudadana y el consumo de periódicos o de emisiones televisivas. En cambio, el miedo al crimen parece aumentar considerablemente cuando las personas interrogadas están informadas sobre los delitos de que ha sido víctima algún familiar o amigo, en particular si estas personas presentan características sociales similares.
El miedo al crimen tiene consecuencias más allá de la profunda sensación de ansiedad personal. A continuación se presentan las principales consecuencias que reporta la literatura, dividiéndolas en dos importantes rubros: consecuencias individuales y consecuencias comunitarias.
Entre las consecuencias que surgen por el miedo al crimen a nivel de los individuos se encuentra principalmente efectos psicológicos negativos como sentimientos de ansiedad, desconfianza e insatisfacción con la vida cotidiana, así como esfuerzos para reducir el miedo (por ejemplo ingerir drogas), para evitar la victimización (no salir de casa en la noche, evitar a personas extrañas y limitación de actividades sociales).
La gente que teme ser víctima de algún acto criminal, tiende a permanecer más en casa, en situaciones o medios que se han hecho más seguros con alarmas, cerraduras, etc. Cuando salen de casa, tienden evitar actividades que perciben peligrosas. La ENSI-1 mostró que un 20% de la población ha dejado de realizar ciertas actividades para evitar ser víctimas de la delincuencia, mientras que en la ciudad de México es de 39%. Del porcentaje nacional, el 71% no sale de noche y resalta un 7.5% que ya no porta artículos valiosos como joyas. Mientras que de este 39% de personas en el D.F., el 77% ha dejado de salir de noche, seguido por haber dejado de visitar amigos o familiares que viven lejos con un 5.6%. El sector de la población que más ha dejado de realizar actividades por temor a la delincuencia, es el de los adultos jóvenes de entre 26 y 35 años de edad a nivel nacional y los de entre 36 y 55 años en caso del D.F.; mientras que los jóvenes de entre 18 y 25 años y los adultos mayores de 65, son los que menos han modificado sus actividades.
Aunado a estas reacciones pueden aparecer, ciertas creencias que involucran la desconfianza en los demás. Es posible que la victimización previa de la persona u otros conocidos de ella, pueda llevar a este tipo de creencias. A ello se le puede agregar la sensación de "desmoralización", estado en el que la persona se siente aislada, sin esperanzas e indefensa. Habiendo perdido la confianza es su habilidad de defenderse contra el mundo, está expuesta a la ansiedad, depresión, resentimiento, coraje y otras emociones distónicas[ii].
Cabe aclarar que estas consecuencias no necesariamente tienen que aparecer en todas y cada una de las víctimas del delito, además es posible que se presenten una o todas de estas manifestaciones en la persona.
A nivel de la comunidad, el miedo al crimen tiene consecuencias adversas, por lo que adquiere la relevancia de un problema social. Tiene consecuencias directas en las relaciones y la vida social: impide la formación y mantenimiento de lazos comunitarios, el enriquecimiento cultural o de diversión, la transformación de algunos lugares públicos en lugares en los que no se puede entrar, lleva a ciudadanos a cambiarse de vecindarios, convierte a los individuos en seres menos sociales, más suspicaces y con menos confianza mutua, pues la percepción de peligro lleva a desarrollar una vigilancia generalizada y en las relaciones interpersonales a la evitación de extraños y vecinos.
Otra consecuencia de gran importancia es que reduce la apelación de políticas penales liberales (como la rehabilitación) y lleva a incrementar la exigencia de encarcelamientos y castigos, con base a la creencia de que el castigo es un buen medio para frenar la criminalidad. Del mismo modo lleva a minar la legitimidad del sistema de justicia al propiciar que los ciudadanos se hagan justicia por sus propias manos.
Conclusiones.
Debido a los rápidos cambios que ha sufrido nuestro país, hoy vivimos una nueva realidad que nos convoca y enfrenta a grandes retos; el problema de la inseguridad pública es una situación que preocupa hoy sobre todo a los habitantes de las principales urbes de la República, esto como resultado del crecimiento en la población, la migración y la estructura poblacional de dichas ciudades. Sobre sale aquí el caso de la Ciudad de México, que al ser el más importante centro económico y político del país, se ha convertido en la entidad donde el crecimiento en número y gravedad de los hechos delictivos han llegado a ser alarmantes.
Hoy podemos afirmar que la criminalidad capitalina esta creciendo, siendo el robo el delito que más nos aqueja a los mexicanos, la posibilidad de ser agredido o lesionado en nuestra ciudad al ser víctimas de la delincuencia se vuelve cada vez mayor. El miedo al crimen ha propiciado conductas de autoprotección tales como: el no salir de noche, no usar joyas u objetos llamativos, no traer consigo dinero en efectivo sino sólo el necesario, aunado a esta situación los mexicanos han tenido que invertir en alarmas, rejas, y en algunos casos seguridad privada, para proteger su patrimonio.
De esta manera las principales ciudades de la nación pudieran ver su futuro en la situación que vive hoy en día nuestra gran ciudad, es por ello que se vuelve indispensable conocer más a fondo la problemática, para evitar que en estas ciudades se de un clima de inseguridad tan alarmante como en el D.F.
La Encuesta Nacional Sobre Inseguridad Pública ha permitido aclarar y conocer con precisión lo que esta sucediendo con la delincuencia en nuestro país, no hay duda de lo que las cifras indican: la delincuencia no ha disminuido y los habitantes principalmente de las grandes urbes de nuestro país se sienten cada vez más vulnerables a ser víctimas de la delincuencia. Y si a esta situación se le añade el pobre crecimiento económico; el desempleo en aumento, los ingresos salariales insuficientes para subsistir y que la pirámide de edades se abulta en los años en que los varones son más violentos y delictivos (18-29), no queda más que concluir que estamos ante un muy serio problema.
Las autoridades deben advertir el problema y empezar a trabajar para prevenirlo, así los resultados obtenidos en la ENSI-1 son una herramienta fundamental para el desarrollo de políticas públicas de prevención y programas para el combate de la delincuencia en nuestro país, de esta manera autoridades, ciudadanos e Instituciones deben unir esfuerzos para devolver la seguridad perdida a sus habitantes.
Octubre de 2002.
Bibliografía.
Congreso sobre violencia social (1998) Ponencia: La percepción del riesgo: violencia y seguridad pública.
Congreso sobre violencia social (1998) Ponencia Problemas de la ciudad y violencia actual.
Herrera Rolando. Centran crimen en seis zonas. Reforma. 12 de Agosto del 2002.
Herrera Rolando. Reflexiona un experto: cifra negra. Reforma. 7 de Septiembre del 2002.
Ramos, L. L. (1990). Un modelo explicativo del miedo a la victimización y sus consecuencias en dos comunidades de la ciudad de México. Tesis de Maestría. Facultad de Psicología, UNAM.
Rico, J. M., Salas. L. (1988). Inseguridad ciudadana y policía. Madrid. España. Tecnos.
Ruiz, H. Advertencia. Reforma.22 de Octubre del 2001.
Ruiz, H. Cuentas claras. Reforma. 8 de Abril del 2002.
Saldivar, H.J. (1993). Inseguridad percibida, conductas de evitación y conductas de autoprotección en mujeres de la Ciudad de México. Tesis de Licenciatura. Facultad de Psicología, UNAM.






