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Abuso policial en la Ciudad de México

Carlos Silva

Como es de esperarse, en algunos casos el cumplimiento de objetivos de supuesta prevención se mezclan en su desarrollo con la lógica de castigo, en una reacción que excede cualquier definición que se quiera hacer de fuerza necesaria para controlar una situación. En la Recomendación 4/95 policías judiciales de una patrulla, siguiendo un supuesto robo de dos cajones de refrescos o, más posiblemente, amedrentando a algunos menores en las afueras de una casa en la que viven muchos jóvenes considerados de cierta "peligrosidad", fueron agredidos con piedras y botellas desde la azotea del inmueble. La reacción a dicha conducta fue montar un operativo entre la Policía judicial y la Policía Preventiva que involucró numerosas patrullas, miembros de cuatro grupos especializados de las dos policías y decenas de motociclistas. Se ametralló la fachada de la casa, hubo un intento de violación, y se detuvo y se maltrató a cuatro mayores y cuatro menores. Algo similar, pero de reacción menos organizada que el operativo anterior, aconteció, según la Recomendación 10/97, cuando por estar escuchando música y bebiendo en la calle se generó una agresión entre cuatro o cinco jóvenes y los tripulantes de una patrulla de la preventiva. Los policías se retiraron y al poco rato, vía llamado de radio, volvieron con al menos diez patrullas más, sacaron a los jóvenes de sus casas y los golpearon en la vía pública y en las patrullas terminando los agraviados en un hospital de la zona por las lesiones recibidas.

El abuso como "castigo" por enfrentarse a la "autoridad" aparece en varios casos más. Recomendación 10/97, una persona se niega a que la grúa lleve su coche mal estacionado, no paga mordida y tal vez insulta o agrede, resultado: el conductor de la grúa y tres policías preventivos, luego de someterlos, los golpean a él a su hermano en todo el cuerpo, ocasionándoles numerosas lesiones. Recomendación 7/99, un hombre rompe un candado puesto a su vehículo de reparto y se resiste a ser detenido, resultado: sujetado en el piso por agentes de la policía bancaria e industrial, otro agente le ocasiona graves lesiones internas al dejarse caer sobre su abdomen con la rodilla en más de una ocasión. Que los dos casos, como en varios otros, hayan sido a las 13:00 hs y a las 18:00 hs respectivamente en sendas colonias céntricas, sumamente transitadas, nos muestra que tales demostraciones de autoridad no necesitan ni buscan la ausencia de testigos.

Tal vez algún otro caso obedezca a los particulares rasgos o tendencias de un individuo, ya que un policía preventivo que fue objeto de una queja ante la Comisión por dar dos patadas en el abdomen a una mujer que le reclamó el estar orinando en el árbol de la entrada de su casa, es el mismo individuo que también fue denunciado por abuso sexual a una menor de 14 años, quejas a las que se alude en la Recomendación 8/99. Que una persona con estas características permanezca en la organización y que se presenten elementos de negligencia o de mala fe en la averiguación previa levantada y en el procedimiento administrativo (como lamentablemente ocurre en muchos de los casos que describimos aquí pero que no hemos detallado), parecen ser los indicadores organizacionales más preocupantes para la organización policial y el Ministerio Público.

En resumen, las tres lógicas en las que se inscribe el abuso, totalmente separables analíticamente y parcialmente empíricamente, se presentan en las dos organizaciones policiales analizadas. Tomando en cuenta las tareas y relaciones institucionales distintivas de cada cuerpo policial, podemos observar como cada lógica se vincula en mayor medida con algunos de los niveles y factores que inciden en el abuso, tal como los describimos en los anteriores apartados. El abuso como "medio" para "resolver" investigaciones en la Policía Judicial remarca factores institucionales y organizacionales. Tal como ha sido señalado para el caso de la tortura, el excesivo peso inculpatorio que mantienen judiciales y ministerios públicos en el sistema de justicia, la ausencia de profesionalismo en la investigación y la impunidad por la deficiencia de los controles y sanciones, son los factores mayormente mencionados. Dicho sistema de impunidad, por su parte, ha sido el que ha permitido que se desarrollen actividades delictivas en paralelo a las funciones o en colusión con grupos delictivos externos. La lógica del castigo por su parte depende mayormente de la cultura informal policial, siendo un rasgo que muy posiblemente se comparta en otros grupos de la población.

El abuso como "castigo" junto al uso excesivo de la fuerza por parte de la Policía Preventiva debe ser de mayor preocupación por las características de sus funciones, que implican una alta dispersión espacial y numerosas interacciones con ciudadanos. Para estos casos, si bien hay factores relacionados con la falta de capacitación, no pueden dejarse de analizar el peso de los factores sociales (estructurales y situacionales) ya mencionados. Sólo un conocimiento sistemático de la influencia que tienen, por ejemplo, la violencia social del medio donde trabajan, las conductas de resistencia de la población o la presencia de testigos, podrá retroalimentar las necesidades de capacitación y de formas de control y sanción posibles. Claro que también las ocasiones del abuso para este cuerpo policial podrán disminuir en función de crear un sistema de incentivos y sanciones diverso al actual que comience a erosionar las cotidianas redes de extorsión, prácticas muy arraigadas de amplia participación social.

Líneas de investigación sobre el abuso policial

La descripción de las prácticas cotidianas de las policías y de la cultura informal que las guía, mas allá de su estructura organizativo administrativa formal, es un problema de difícil solución. Uno de los instrumentos privilegiados en este caso han sido los estudios observacionales o las entrevistas a miembros actuales o retirados de la policía (Skolnick, Fyfe, 1993). Para el caso de la ciudad de San Pablo en Brasil, se han utilizado observación participante así como también entrevistas a ciudadanos de distinta extracción social (Caldeira, 2000).

En la búsqueda de modelos de investigación con mayor capacidad de generalización se han usado, en los EE.UU., tres tipos de fuentes de información: registros oficiales, encuestas a policías o a la población, y observaciones de campo (Adams, 1996).

Los registros oficiales usados han sido de muy diverso tipo, así como también la perspectiva con que dicha información ha sido analizada. Los registros han ido desde el análisis de casos penales en las Cortes por uso excesivo de la fuerza, los registros de las quejas presentadas por los ciudadanos a los propios departamentos de policía, o a otras instancias superiores, los registros de los arrestos o los reportes de uso de la fuerza o de uso de las armas reglamentarias, toda información producida dentro de los departamentos de policía.

Muchos de estos registros oficiales reúnen el suficiente número de casos que permite utilizar una serie de procedimientos estadísticos que no pueden ser llevados adelante en los análisis en profundidad de unos pocos casos particulares. Sin embrago se sabe que uno de los problemas de esta información es que muchas veces es más un indicador organizacional (de su capacidad, disposición o estrategia en la recopilación de quejas o de la confección de reportes de actividades) que un indicador del comportamiento de la policía en la sociedad. Igualmente, más allá de problemas, lograr registros de parecida calidad para países como México es aún un objetivo que se aparece lejano, tanto por las carencias de los registros datos e informaciones así como por el acceso público para investigar el fenómeno.

En segundo lugar se han realizado investigaciones utilizando la observación directa de las prácticas policiales. En algunos casos se ha utilizado el recurso de "infiltrar" los cuerpos policiales y trabajar desde una perspectiva etnográfica (Caldeira, 2000). En otras investigaciones se ha recurrido a acompañantes en los patrullajes policiales registrando un gran número de "encuentros" entre policía y ciudadanos los cuales eran considerados la unidad de análisis de los estudios (Adams, 1996). Claro que aquí se gana en casos pero se pierde en calidad de la información ya que se discute el sesgo que introduce en el comportamiento policial la presencia del observador. Sin embargo, en caso de que los policías "adaptaran" su comportamiento a lo que consideraban que el observador deseaba, no deja de ser interesante conocer cuales eran estas expectativas de buen comportamiento por parte de los policías.

En tercer lugar se han realizado encuestas para analizar los casos de violencia policial, y esta no deja de ser una perspectiva interesante para aquellos países donde aún el sistema oficial de información policial deja mucho que desear. Las encuestas realizadas a policías se dirigen preferentemente hacia la captación de los valores y culturas de distintos cuerpos policiales asumiendo que dicha variable es un indicador proxy de su predisposición a cometer maltratos físicos a la población. Por otro lado se realizan encuestas a la población acerca de las interacciones entre policías y ciudadanos y de la existencia de un uso excesivo de la fuerza en esas ocasiones.

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