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Abuso policial en la Ciudad de México

Carlos Silva

Uno de los motivos que con frecuencia es señalado para que los mecanismos de contralor internos de los cuerpos policiales fracasen es que el conocimiento de las conductas abusivas no involucra solamente a los policías de rangos inferiores sino que se extiende a otros niveles de la estructura jerárquica o a otras instituciones de la procuración de justicia. Es decir que el abuso policial se vuelve una resultante de todo el funcionamiento organizacional (Punch, 1983)[1][1][1]. Esto nos lleva hacia el factor que representa no ya los diseños institucionales formales de la organización, sino las prácticas informales y la cultura práctica del trabajo policial y la relación con su entorno social.

Es dentro del marco de discrecionalidad e invisibilidad que se desarrollan gran parte de las prácticas informales policiales, que pueden mantener relaciones muy diversas con la normatividad formal según los casos. Se puede ir desde prácticas informales sensatas de adaptación de las tareas hasta la cuasi total sustitución del funcionamiento "legal" por una estructura paralela "informal" que desarrolla objetivos y comportamientos ilegales.

La discrecionalidad e invisibilidad mencionadas permiten que cohabiten tres conjuntos de reglas: aquellas reglas formales que pueden ejercer sanciones efectivas aunque muchas veces no sean vistas como legítimas por gran parte de sus miembros, las reglas informales o de trabajo que surgen de la presión diaria de las tareas preventivas y de detención de infractores, y las llamadas reglas de presentación en las cuales se reconstruyen post facto las acciones cometidas en términos aceptables legalmente con una alta capacidad para la reconstrucción de dichos eventos (Bayley, 1994)

El peso de la cultura informal de los policías es la explicación más común de las prácticas del trabajo policial. Se han identificado a este respecto tres grandes aspectos de la cultura policial, estos son: una cultura de la sospecha basada en gruesos estereotipos, solidaridad interna y aislamiento social (Reiner 1998, Buckner, Christie y Fatth, 1983).

La cultura de la sospecha es la tendencia de juzgar rápidamente si la gente encontrada puede ser infractora o gente "peligrosa". Hace que la policía tienda a operar con prejuiciados estereotipos de potenciales "villanos". De esta forma la labor policial se facilita al incorporar prejuicios y distinciones ya existentes en su entorno acerca de grupos de la población los cuales son aún más difundidos y subrayados socialmente por la propia labor policial [[i][i]].

Por otro lado la solidaridad interna y el aislamiento social se alimentan mutuamente. La solidaridad se torna un recurso importante en el encubrimiento de faltas estableciendo un sistema complejo de complicidades y posibilidades de delación mutua que refuerza los "códigos del silencio" organizacionales (Skolnick, Fyfe, 1993).

La característica de la cultura policial que más se ha señalado en su entendimiento de la aplicación de la ley, y que muchas veces es compartida por las jerarquías de dichas organizaciones, es que la efectividad de su labor está reñida con un respeto estricto de la ley, y está última, en cuanto estado de derecho democrático, se vuelve un obstáculo y no el referente central en la estructuración de sus actividades. Esta no creencia en un estricto principio de legalidad y su condicionamiento según los intereses y objetivos en juego en las distintas circunstancias, no es necesariamente una idea vigente en exclusivo al interior de las organizaciones policiales, la misma muchas veces es compartida por amplios sectores de la población.

Estos aspectos de la cultura informal de la policía son los que pueden ser llamados su cultura ocupacional la cual hay que distinguir de la cultura organizacional que es aquella propia del estilo de trabajo policial que es buscado "oficialmente" por las autoridades al mando de los cuerpos (Worden, 1996). En ese sentido es un referente la clasificación de James Q. Wilson que distingue entre tres estilos de trabajo policial: el vigilante, el legalista y el estilo de servicio, siendo el primer estilo el que más favorecería la comisión de abusos (Worden, 1996).

Ya ubicados en el entorno societal del trabajo policial podemos hacer referencia a los factores del nivel social de mayor relevancia. Una primera perspectiva la podríamos considerar "macro" al tratase de características general del los distintos grupos o espacios sociales de actuación policial. En primer lugar una hipótesis que deriva de teorías políticas del control social nos señala que en aquellos entornos sociales de más aguda estratificación social o inequidad económica, más reclamarán los grupos dominantes el reforzamiento de la coerción policial para garantizan su posición y supremacía.(Jacobs, O'Brien, 1998).

En segundo lugar se encuentran aquellas hipótesis que hacen depender el nivel de uso de la fuerza por parte de la policía del grado de violencia social con el que tienen que lidiar en su trabajo cotidiano. Las posibilidades del abuso se incrementan como reacción ante entornos sociales con fuertes componentes de violencia (Reiner, 1998). En tercer lugar, cabe considerar en este nivel la presencia de organismos o asociaciones ciudadanas que busquen el control externo de la labor policial. Aquí la perspectiva adoptada por la institución u organismo parece ser clave: una exclusiva preocupación por la eficacia en la lucha contra el delito puede tener efectos muy diversos en relación a aquellas instituciones externas que incorporan el respeto de las garantías individuales de toda la población como un objetivo prioritario.

En otro plano, que podríamos llamar como social "micro" o situacional, se encuentran los factores interactivos de los encuentros entre policías y ciudadanos que pueden ambientar que un evento abusivo se desarrolle. Estos factores pueden lógicamente considerarse como los que intervienen con la cultura práctica del trabajo policial para que se "especifiquen" los casos de conducta abusiva. En este sentido los rasgos de clase, etnia o edad que se asocien a grupos subordinados o de la población "cautiva" con que opera la policía pueden propiciar un mayor uso de la violencia.

También puede ser el caso si la conducta que motiva la interacción es considerada como legal o moralmente "grave" o antisocial. A su vez, un número excesivo de policías puede favorecer el "envalentonamiento" y la demostración simbólica ante los compañeros. La ausencia de testigos externos puede favorecer el abuso y la resistencia física o verbal del o los ciudadanos o detenidos puede incrementar el castigo que supuestamente "se merecen" (Adams, 1996).

Finalmente, la edad, el sexo, la formación previa o las características psicológicas de los policías pueden ser factores del nivel individual que pueden incidir en el fenómeno. Los rasgos psicológicos individuales en general no han ofrecido buenas explicaciones de la conducta policial. En general se piensa que los rasgos de violencia están asociados a lo que ha llamado una "personalidad de trabajo" del policía (Skolnick, Fyfe, 1993), atributo propio de la cultura práctica de la labor policial y que pertenece como tal al nivel organizacional.

Podemos resumir los niveles y los factores involucrados de la siguiente manera:

  • Nivel institucional:
    • Marcos legales vigentes relacionados con las funciones y atribuciones de los distintos cuerpos policiales.
       
  • Nivel organizacional:
    • Mecanismos de reclutamiento,
    • Capacitación policial técnica y jurídica,
    • Formación ideológica,
    • Controles internos y judiciales,
    • Prácticas informales y cultura práctica.
       
  • Nivel social: Estructural,
    • Estratificación social,
    • Violencia social,
    • Controles externos ciudadanos. Situacional,
    • Características del o los “sospechosos”,
    • Conducta que motiva la interacción,
    • Número de policías presentes,
    • Presencia de testigos,
    • Resistencia o reacción, real o simbólica, ante la autoridad.

En este artículo, al trabajar con los casos del abuso policial descritos en las Recomendaciones de la CDHDF solo podremos tener una información muy parcial en relación a todos los factores mencionados. Sin embargo, veamos previamente como estos mismos factores se encuentran presentes y han interactuado entre sí para conformar algunos rasgos propios de las organizaciones policiales en México.

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